Para la tarta usé una base de hojaldre porque fue lo que compré en el súper, aunque en la receta original proponían masa quebrada. Las capas se hacen con crepes y se va poniendo en cada capa el pesto de rúcula y un poco de queso para gratinar.
Desde que preparé la crema de rúcula, queso y nueces, y la probé supe que la tarta estaría riquísima, y así fue. La receta del pesto de rúcula iba más o menos así:
100 g de rúcula
100 g de nueces
200 g de queo semicurado (se necesita más queo para poner en cada capa)
sal y aceite de oliva
Luego en un molde se pone el hojaldre, se unta con el pesto, se pone un crepe, se añade más pesto y se pone queso, cubriéndolo con otro crepe y repitiendo la operación tantas veces como sea posible. Luego al horno y listo.
Lo acompañamos con un poco de tomates que resultó bien para contrastar el sabor amargo de la rúcula.... ¡que definitivamente deberíamos comer más seguido en este piso!